domingo, 17 de diciembre de 2017

EL BASILISCO

EL BASILISCO

Según afirma Thomas J. Williford en su libro “Laureano Gómez y los Masones”, y Mario Arango Jaramillo en su libro “Masonería y Partido Liberal”, dentro del partido Liberal colombiano han existido muchas figuras que fueron masones: Ezequiel Rojas (fundador del partido liberal el 16 de julio de 1.848), José Hilario López (Presidente de la República del 49 al 53), José María Obando (Presidente en 1.853), José María Melo (Presidente en 1.854), Francisco Javier Zaldúa, Manuel Murillo Toro (Presidentes durante los llamados Estados Unidos de Colombia), Rafael Uribe Uribe (caudillo en la guerra de los Mil Días), Benjamín Herrera, Germán Arciniegas (ministro de educación del gobierno de Eduardo Santos), Antonio Rocha (ministro de Eduardo Santos), Darío Echandía (ministro de Alfonso López Pumarejo, Embajador, Designado, Representante, Senador, Diputado, candidato a la Presidencia), Eduardo Santos (Director propietario del diario liberal El Tiempo y Presidente de la República), Luis Cano (Director propietario del diario liberal El Espectador), Alberto Lleras Camargo (Director del periódico El Liberal y Presidente de la República en dos oportunidades), Alejandro Galvis Galvis (Director y propietario del periódico Vanguardia Liberal en Santander), Plinio Mendoza Neira (Ministro del gobierno de Alfonso López Pumarejo), Adán Arriaga Andrade (Ministro de López Pumarejo y de Lleras Camargo), Horacio Serpa Uribe (ministro de Samper), entre otros muchos. Otros liberales como Carlos Lleras Restrepo, Jorge Eliecer Gaitán y Alfonso López Pumarejo no fueron masones.

El comunismo, que exige como primer paso el socialismo, y que advierte que la religión es el opio del pueblo, tiene un gran auge a partir de la declaración del manifiesto comunista de Marx y de Engels en 1.848, de manera que el tiempo subsiguiente es el del imperio socialista laicizante que se propone por todos los medios de lucha acabar con la influencia religiosa dentro de las naciones; es la época de Fourier, Cabet, Proudhon, Saint Simon, Blanc. La masonería comenzó un ataque sistemático contra la Iglesia Católica, socavando la autoridad del Romano Pontífice, marginando a la Iglesia de todo influjo en la educación, desmontando al matrimonio de su dignidad de sacramento y su carácter divino como una institución fundamental y dejándolo como un simple contrato que pudiese resciliarse con la mera voluntad de los contratantes. Todo esto obliga al Papa León XIII en su encíclica Humanum Genus en 1884 a descubrir y defender al mundo Católico de la masonería, y cuestionarla como sociedad secreta.

Ante el laicismo arrasador de toda influencia religiosa en las naciones surge la fundación en Colombia del partido Conservador elaborándose sus principios en 1.849 por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro. Nada más claro para entender las relaciones entre liberalismo y masonería que éste párrafo de Gonzalo Restrepo Jaramillo en su obra El Pensamiento Conservador donde establece que la diferencia esencial entre conservatismo y liberalismo es la cuestión religiosa: “Esta diferencia religiosa se manifiesta principalmente en cuatro puntos: Relaciones entre la Iglesia y el Estado, matrimonio civil, divorcio e instrucción pública. El liberalismo pretende la supremacía del poder civil, mientras que los conservadores defendemos la independencia recíproca de los dos poderes en sus respectivas esferas, pero afirmamos al mismo tiempo la obligación del Estado de respetar el dogma en la legislación y en la práctica, al menos en cuanto ese dogma sale del terreno de la conciencia para ejercer influjo en la vida social. El liberalismo pretende substituir el matrimonio católico como fuente del derecho familiar y de las relaciones de legitimidad por el simple contrato ante funcionarios, mientras que los conservadores atribuimos al sacramento  la plenitud de sus efectos ante la ley civil; los liberales defienden el divorcio como capaz de suprimir o disolver el vínculo, en tanto que nosotros no admitimos sino la separación de cuerpos y de bienes; nuestros adversarios pretenden una instrucción pública neutral, mientras que los conservadores proclamamos la enseñanza católica en las escuelas y colegios. Como consecuencia de las pugnas enunciadas, el liberalismo mira con especial antipatía el Concordato que consagra las tesis conservadoras y su denuncio o su reforma figura en las plataformas del partido.”

Don Juan Donoso Cortés comienza su obra “Ensayo sobre El Catolicismo, el liberalismo y el Socialismo”, publicada en 1.851, con este párrafo que destruye toda posibilidad de un Estado sin religión: “MR. Proudhon ha escrito, en sus Confesiones de un revolucionario, estas notables palabras: «Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología.». Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de Mr. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas cosas.”
Ante la división religiosa auspiciada por el socialismo entrante que se comprometió con acabar con todo y establecer las bases de un nuevo país, influenciado este socialismo con la caída de Luis Felipe de Orleáns en el trono de Francia en 1848, surge el partido Conservador colombiano en las siguientes palabras de los periódicos El Nacional y La Civilización, según afirman los historiadores Henao y Arrubla: “Los conservadores forman, un partido sosegado y reflexivo que estima en más los resultados de la experiencia que las conclusiones especulativas de la teoría, y por consiguiente, poco o nada dispuesto a los arranques de entusiasmo.”

Los masones se han sentido orgullosos de ser partícipes centrales de la época de la Ilustración e independencia americana y se han jactado de que hombres como Diderot, D’Alembert, Helvetius, Voltaire, Dantón, Robespierre, Talleyrand, Napoleón, Federico II de Prusia, Franklin, Lafayette, Washington, Monroe, Miranda, San Martín, O’Higgins, Nariño, Tomás Cipriano de Mosquera, Francisco Antonio Zea, Santander, Córdoba, Joaquín Mosquera, Herrán, Márquez, Aranzazu, José Manuel Restrepo, y Bolívar, hayan sido masones. Bolívar, según Mario Arango Jaramillo en su obra Masonería y Partido Liberal, fue grado 33, el máximo grado para un masón. Pero en el Diario de Bucaramanga, Luis Perú De La Croix, documento que recoge los tiempos de la Convención de Ocaña, citó textualmente los siguientes juicios de Bolívar el 11 de mayo de 1.828:

“Poca gana tenía el Libertador de ir a dormir, y continuó conversando. Habló de la masonería, diciendo que también él había tenido la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París se había recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación; que en las Logias había encontrado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados; que todos los masones se asemejan a los niños grandes jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones; que, sin embargo, la política y los intrigantes pueden sacar partido de aquella sociedad secreta; pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones religiosas, no era político valerse de la masonería, porque para hacerse él de algunos partidarios en las Logias se hubiera atraído el odio y la censura de toda la Nación, movida entonces contra él por el clero y los frailes que habrían aprovechado aquel pretexto; que, por lo mismo, poco podía hacerle ganar la masonería, y mucho perder en la opinión.”

De este cuadro bolivariano, de un masón 33, se descubre lo mucho de parafernalia y charlatanería que hay dentro de la masonería. No puede olvidarse que la masonería es una sociedad secreta y éstas fueron prohibidas por Simón Bolívar el 8 de noviembre de 1.828, con motivo de la conspiración septembrina.

La masonería colombiana tuvo su más grande descalabro cuando los liberales moderados liderados por Rafael Nuñez se acercan al conservatismo en cabeza de Miguel Antonio Caro, y luego de la guerra de 1.885 iniciada por el liberalismo radical, triunfan, declaran desaparecida la constitución de Rionegro de 1.863, y elaboran la Constitución conservadora de 1886, que duró 105 años, hasta que fue derogada en 1991. Este hecho, o revés, es el origen de la primera universidad de origen masón en Colombia: la Universidad Externado de Colombia. En la época del republicanismo de 1.910 liderado por los conservadores antioqueños (Carlos E. Restrepo), el acto legislativo de ese año morigera el radicalismo de la Constitución de 1.886 y la masonería tiene un respiro. Benjamín Herrera, masón y líder del liberalismo en la guerra de los Mil Días, fue protagonista de primer orden para el éxito de ese republicanismo. Fue Herrera quien se hizo el alma de la Universidad Libre desde 1.922 cuando era el jefe del liberalismo, haciendo realidad el proyecto jurídico de 1.913 proveniente de la llamada universidad Republicana que empezó a finales del siglo XIX. Esta es conocida entonces como otra universidad de origen masónico.

El partido Conservador colombiano considerando el principio sociológico de que la casi totalidad de los colombianos son católicos defendió el principio de que la religión Católica es la religión “de la Nación;  los poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social” (Art 35 de la Constitución de 1886). La Constitución de 1991 que derogó la Constitución de 1886 le quitó esa primacía a la religión Católica y afectó en consecuencia al partido Conservador. Fue el partido Liberal colombiano entusiasta de la constituyente de 1991. Es conveniente recordar la frase del gran maestro de la Gran Logia de Colombia en Bogotá, Francisco Gómez Pinzón: “Hay que cambiar la República del Sagrado Corazón de Jesús por la del Gran Arquitecto del Universo”.

No puede dejar de recordarse que los masones fueron abiertamente partidarios de la República española en 1930 y en consecuencia enemigos del régimen nacionalista de Francisco Franco y obviamente de la Falange española, y tampoco que la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín fue fundada por los profesores y estudiantes conservadores de la Universidad de Antioquia como reacción al régimen liberal anticlerical de la época y seguidores de la Falange y de Franco en 1936. En ésta época se entiende nuevamente porque el pensamiento de Bolívar, que había abjurado de su credo masón, se identifica a tal punto con el conservatismo que da el nombre a la nueva universidad.

Laureano Gómez, jefe indiscutible del partido Conservador, comenzó sus cuestionamientos a la masonería en 1910 cuando era representante a la Cámara apoyando un proyecto de ley para suprimir las sociedades secretas. Aunque en ese período la masonería sacaba cabeza nuevamente después del ostracismo que le impuso el nacionalismo de Nuñez y Caro, desde el periódico La Unidad Laureano Gómez la combatía. Como consecuencia de la abstención electoral ordenada por Laureano Gómez en 1934, por falta de garantías, el Congreso se hizo exclusivamente liberal y en consecuencia comienza un ataque a la educación en manos de la Iglesia Católica a través de una reforma constitucional al punto que el periódico El Siglo, dirigido por Gómez advirtió “Este ataque a fondo a los sentimientos del pueblo colombiano es siniestro presagio de futuros males. El laicismo y la masonería han triunfado plenamente.” (Thomas J. Williford. Laureano Gómez y Los Masones, pag. 109).

La masonería ha sido fuerte en Cundinamarca y Bogotá, la costa atlántica, Cali, Santander y Tolima, y muy débil en Antioquia y el viejo Caldas, casi inexistente, salvo Pereira, bastión liberal del eje cafetero. El 25 de junio de 1949 en la plaza de Berrío de Medellín, cuando afrontaba su campaña a la presidencia de la República, dijo: “El basilisco era un monstruo que reproducía la cabeza de una especie de animal, de otra la cara, de otra distinta los brazos, y los pies de otra cosa deforme para formar un ser amedrentador y terrible del cual se decía que mataba con la mirada. Nuestro basilisco camina con pies de confusión y de ingenuidad, con piernas de atropello y de violencia, con un inmenso estomago oligárquico, con un pecho de ira, con brazos masónicos, y con una pequeña diminuta cabeza comunista, pero que es la cabeza. Y así tenemos que el fenómeno mayor que ha ocurrido en los últimos tiempos, el 9 de abril, fue un fenómeno típicamente comunista, pero ejecutado por el basilisco; la cabeza pequeña e imperceptible lo dispuso, y el cuerpo lo llevó a cabo para vergüenza nacional”

El último nombramiento de magistrados de la Corte Suprema de Justicia dio esta alta investidura, según comunicado de la misma Corte de fecha septiembre 5 del 2013, a cinco (5) nuevos magistrados: cuatro de ellos provenientes de universidades de origen masón: tres de la Universidad Libre, y uno de la Universidad Externado de Colombia. No cuestiono que haya magistrados masones, pero cuestiono que no haya equilibrio, mesura entre las ideologías o compromisos de los magistrados, que no exista en las altas dignidades del Estado ese justo medio, esa templanza de que hablaba Platón en su República. Pero más cuestiono a ese Partido Conservador que se deja manipular, que no se pronuncia, que ya ni sabe que fue lo del Basilisco, y que abandonó su doctrina, por lo que cabe volver a imputarle lo que advirtió ese egregio líder de origen ocañero, Laureano Gómez Castro cuando le responde iracundo el discurso a Ospina Pérez de abril 11 de 1953: “¡Ay del Partido Conservador si olvidando la doctrina se envenena con los personalismos! ¡Ay del Partido Conservador si rompiendo sus tradiciones y disciplinas se deja invadir por las estériles agitaciones politiqueras! ¡Ay del Partido Conservador si entrega su destino a las mentes equidistantes que sin fé ni amor al ideal, en los momentos de peligro, se repliegan al fiel de la balanza, como trinchera de quietud y de sosiego!”



JULIO ENRIQUE GONZALEZ VILLA

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